Gabriel CisnerosEN PALABRA EN PIE SE PUBLICAN ARTÍCULOS, POEMAS, CUENTOS Y OTROS TEXTOS DEL ESCRITOR ECUATORIANO GABRIEL CISNEROS ABEDRABBO, ES UN ESPACIO PARA EL ENCUENTRO DE LOS CREADORES CON EL EROTISMO, EL ARTE Y LA PALABRA, ESPACIO AL QUE PUEDEN ACCEDER QUIENES TRASCIENDAN SUS PROPIOS MIEDOS Y SALTEN DE LA CUERDA FLOJA SIN PERDER EL EQUILIBRIO ANTE LOS DEMONIOS QUE NOS ACOSAN EN LA COTIDIANIDAD.
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DILO CAMINO, EN LOS RECOVECOS DE LA MEMORIA

Palabra en Pie - Dicción Desnuda

Mi encuentro con Dilo Camino se dio como en los colores inocentes y fuertes de su obra. Lo hice a través de su hija Diana, con quien manteníamos una amistad y desde ella me invitó a descubrir el trabajo de su padre como una plegaria que todavía merece ser cantada. Me asombró la profunda desmemoria que había casi olvidado a un grande de la plástica ecuatoriana, a un ser iniciado en el arte y en el que sobrevive de forma silenciosa a la muerte.

El artista se encuentra con la vida en la ciudad de Ambato el 15 de octubre de 1929; si bien buscó encontrarse en muchos mundos, es en el arte, y particularmente en el ‘Naif’, donde realmente es, donde busca y confronta esas preguntas que todo ser humano siente en la intimidad de la vida.

Su obra es inagotable como su espíritu, su visión progresista le lleva a buscar otros conceptos para romper la periferia en la que se encierran algunos artistas, viaja y trabaja en distintos países siempre con una cercanía a la plástica. Colombia, Quito, Nueva York, Esmeraldas, Caracas, Madrid, Ginebra, Riviera Italiana, Perú, Panamá, Brasil son el lienzo donde su pincel incansable va tejiendo murales, recreando vidas, seres y paisajes.

Su vida es ese campo donde los colores plantan una obra que permanece en la tierra y en contraste con ella un mutismo de la crítica que en su silencio intentó borrar su quehacer de la memoria social. El país tiene una deuda con el trabajo de Dilo Camino. Reconocer su obra es dimensionar que nuestros creadores, desde distintas trincheras y posiciones,  han fraguado en el territorio los abecedarios, los colores, el movimiento y la música, han hecho de sus huesos el barro espiritual de un país que tiene la difícil tarea de encontrarse.

En sus obras los paisajes se descubren en la tenacidad de un creador que siente ‘la necesidad vital de pintar’; el silencio de los colores para él era otra forma de muerte. Es  un pintor que vive en los cientos de cuadros escondidos, de murales que cuentan historias, de retratos de seres cuya sobrevivencia pende del talento de Camino.

El naif es un respuesta a la inocencia que necesita un mundo trastocado por las máquinas, por las moles de hierro y concreto desplazando los campos, creando nuevos paisajes de cemento donde el hombre se vuelve un espejismo de su propia narrativa en un mundo en crisis; de alguna forma esa ingenuidad intenta devolverle al paisaje gris los colores de la naturaleza. Las obras de Camino se encuentran en este concepto, en una emancipación de los colores donde hay un discurso, inconsciente quizá, de defender la vida, atravesar los gritos con la riqueza del color, para que el horizonte no se desvanezca.

Me imagino al artista, cruzando los mares para entender y graficar el mundo, su nostalgia en Nueva York y Suiza, el asombro en América, lo imagino caminando por las calles de una ciudad sin nombre dibujando en su mente los rostros de Fidel, Alfaro o Gandhi, extrañando a sus hijos, a la mujer de su espera, a su raíz sustentada en el campo, en esas divagaciones el olor a tintas le devuelve a la realidad y buscó ser reconocido y encontrarse quizá como un campo de trigo que alimente los ojos sibaritas de una noche de junio.

Nuestro artista transmutó su esencia el 18 de diciembre de 1992, su cuerpo se entrega a los elementos en el cementerio de San Diego de la ciudad de Quito, mientras su éter se expande en su cuadros que casi en silencio esperan…

 

Quito, 12 de noviembre de 2015

Gabriel Cisneros Abedrabbo

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